Una poética en potencia – Edipo egipcio – Athanasius Kircher

Cuando el día reposa de paso y da tiempo para pensar con calma, sin interrupciones, sin prisa, sin pereza, casi sin nada, elaboro en la mente una lista de ideas relativas a nuevos proyectos de poesía y traducción. Es una lista imposible, me imagino, esta colección de sueños animados por la curiosidad y guiados por la duda.

Pero aún así, no resisto la tentación de postergar las urgencias mundanas del día y de rendirme a ponderar sus posibilidades. Hoy comparto con ustedes una de estas ideas. ¿Qué tal si alguien produjera una versión moderna (en español o cualquier otra lengua) del Oedipus Aeyptiacus / Edipo egipcio?

Fue escrito en latín por el jesuita alemán, Athanasius Kircher, erudito de lo culto, lo enigmático, lo simbólico. Kircher era «el último hombre que sabía todo» (1), «el último buscador del saber universal» (2), uno de aquellos sabios barrocos al que todo le interesaba y todo lo estudiaba, de modo tal que fue y sigue siendo celebrado, tanto por la profundidad de sus estudios como por la anchura de su alcance. Y esa atracción suya, a muchos y muy diversos temas, estuvo completamente en concierto con las tendencias intelectuales de siglo XVII.

A Kircher le intrigaban los principios del magnetismo, tenía dominio de doce idiomas y hasta realizó estudios geológicos en los que proporcionaba teorías para desmitificar el enigma de una concha marina hallada en la cima de una montaña, es decir, planteó teoría para explicar la razón de ser de los fósiles. A mediados del siglo XVII, fue curador del museo más ilustre de Roma en el que ostentaba antigüedades y artefactos de tierras lejanas como también estrenaba los inventos y rarezas más recientes de Europa. Fue dueño de uno de los primeros proyectores de luz, con el que presentó su teatro de sombras en el museo, y acompañó sus dramas con su propia voz, anunciándola a través de un sistema de cañería, para crear la ilusión de una presencia invisible.

Por veinte años se dedicó a una investigación rigurosa con los objetivos de extrapolar una gramática cóptica y descifrar los jeroglíficos egipcios, cuyo significado hermético tanto aturdía a los intelectuales sietecentistas de Europa. Tras un estudio extenso y después de combatir la censura de la iglesia, publicó, entre 1650 y 1654, cuatro tomos gruesos en los que él proponía explicar, entre tantas otros misterios, el sistema lingüístico de los jeroglíficos y el significado de la Tabula bembima (también llamado Mensa de isíaca), fuente principal de su estudio (3).

Los críticos han señalado muchos problemas implícitos en su estudio, sobre todo, la improbable autenticidad de la tabula. Se cree, por lo general, que la tabula haya sido creada por algún romano, quien la fabricara imitando la iconografía egipcia. No obstante, es indispensable recordar que Kircher llevó a cabo su investigación un siglo antes de que la Piedra de Roseta fuera descubierta por Jean Luis Champollion, en 1799, porque esta última lápida, en la que está tallado un solo texto ya traducido en cóptico, jeroglífico y griego, contenía la clave secreta.

La interpretación de Kircher busca establecer un sistema simbólico basado en el principio de la trinidad, la tríada, la estructura triangular que predominaba la concepción humana del mundo medieval. Pero, es más. Su interpretación va más allá e incorpora toda una gama de estudios ocultos, fuentes antiguas como la Cábala y la Talmud, entre otros. Por su parte, mantuvo que era imposible traducir los jeroglíficos a una lengua como el latín, pero que, sí, se podía desarrollar un sistema paralelo y emplear símbolos semejantes, un léxico propio e inteligible.

Para mí, lo interesante al respecto, es que él reconoció la posibilidad de conservar la modalidad textual tras el proceso hermenéutico. En los jeroglíficos observaba un sistema lingüístico rico de significados, pero los veía a través de una perspectiva católica, dada su posición en la sociedad y la inexorable presión del Vaticano. Yo no creo que sea necesario traducir sus cuatro tomos completos, aunque sí sería cautivador —y si alguien se anima, no me opongo—, pero lo que a mí me gustaría ver es un tratamiento de la hermenéutica de Kircher como una poética en potencia. Sin las presiones de la iglesia y sin lo que aprendímos de la Piedra de Roseta, ¿cómo sería un poema inspirado por los jeroglíficos de la Tabula bembina? Les dejo con esta pregunta abierta.

Notas:
(1) La frase «el último hombre que sabía todo» la traduzco del título Athanasius Kircher: The Last Man Who Knew Everything, realizado por Paula Findlen (Routledge, 2004).
(2) Aludo al libro de Joscelyn Godwin, Athanasius Kircher’s Theater of the World: The Life and Work of the Last Man to Search for Universal Knowledge (Inner Traditions, 2009).
(3) Se recomienda el excelente artículo «Athanasius Kircher and the Egyptian Oedipus» escrito por Ingrid D. Rowland, disponible en línea.

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One Response to Una poética en potencia – Edipo egipcio – Athanasius Kircher

  1. Manu says:

    Hola!! Me ha gustado mucho el artículo. Le tengo bastante ganas a la sección de Musica Hyerogliphica… Si nos juntamos unos cuantos nos ponemos a traducir?😉

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